- 5-13-2008
- Categoría: Testimonios
Vladimir Herrera
Noventa y siete en once
¿Por dónde empezar? Esa es una buena pregunta. Podría empezar por decir quién soy y qué hago, pero podría ser bastante aburrido... creo. O podría empezar por donde siempre empieza todo el mundo... "Había una vez..." y contar desde que nací y cómo me engorde y demás, pero tampoco me parece muy apropiado.
Creo que todo empieza el día en que mi psicóloga (mi muy querida y bien amada Dra. Sandra Asís), después de unos "mil años" de insistencia, en contra de mi voluntad y desde mi celular me hizo una cita con la Lic. Ana Cristina Gutiérrez. Me ofuscó bastante al principio porque a mí no me importaba (en ese momento) pesar lo que estaba pesando y verme como me veía. Me sentía cómodo y no he cambiado mucho de parecer, pero (¿siempre hay un pero?)...
Ahora, hay que tomar en cuenta varias cosas que son importantes: Como todo joven, me gusta salir con mis amigos, tomarme las birrillas y comerme las cochinadas que todo joven suele comer. Pizza, Mac, KFC, y demás. Peor aún, hasta mezclar alguna que otra cosa... o todas, como los famosos lunes de Pizza con Birra en mi casa. Ahhhhhhhhhhhhh, días aquellos. Juventud: divino tesoro. De veras que uno cree que es de palo...
La cita sería un Martes 9 de diciembre del 2003, no se me olvida. ¿Por qué? Fácil, el día anterior me la pegué y el día después era la fiesta de navidad de mi trabajo. No, mentira, en realidad no la recuerdo específicamente por eso, sino porque si faltaba tenía que pagar la mitad de la cita... y eso era algo que no me agradaba. ¿Pagar la mitad de una cita aunque uno no asista? No me parece.
Ese martes llegó, y lo mejor (¿ó peor?) de todo es que yo no me acuerdo muy bien cómo terminó esa cita. La noche anterior había estado tan dura que yo creo que todavía estaba medio borrachillo cuando entré al consultorio con "La Doc" (como le digo yo de cariño). Nomás recuerdo que charlamos un poco y que ella me preguntó si tenía algún tipo de enfermedad, si en la familia había algún tipo de enfermedad hereditaria, qué me gusta hacer, dónde breteo, qué hago... etc, etc.
Recuerdo que sí hubo algo que me hizo mucha gracia que me dijera, sentadita ahí, en su silla y viéndose tan guapa y linda como siempre se ve, me dijo: "confiá en mi y dale un chance... talvez te sirva... y sino, lo podés dejar botado."
Eso pudo haber sido, fácilmente, el "click" que se ocupaba para que yo reaccionara. Aún así, no estoy muy seguro qué pasó, pero algo pasó. De repente, este humilde servidor empezó por hacer un poco de caso y dedicarle el mínimo esfuerzo a esta cuestión de la "dieta" y para la segunda cita, los frutos ya se estaban dando.
No sé si muy en el fondo el "flaco" que todos nosotros los gorditos tenemos dentro sacó la cara y "echó pa' lante", pero si no fue eso entonces (de acuerdo a Sandra) fue miedo a fracasar. A probar algo. Probar que TODOS podemos, que no es cuestión de "NO se puede" sino de "querer es poder". Porque si yo pude, cualquier persona puede. Estamos hablando de que el martes 9 de diciembre del 2003, Vladimir Herrera Vargas pesaba 267 libras (y no hablo de libras esterlinas... digo...) y ahora peso 175, el peso adecuado para mi estatura (1, 75) y mi edad (22 años).
Claro, con todo esto no digo que uno no tiene que aportar un grano de esfuerzo. Al contrario, hay que esforzarse. Acuérdense de que nada en este mundo es imposible, pero nadie dijo que las cosas iban a ser fáciles. Si bien es cierto, yo mismo he "caído" y he "pecado", me fuí de fiesta la víspera y el día de mi cumpleaños (comí pizza y tomé como cosaco), me fui con un paquete Todo Incluido a Conchal por 4 días y 3 noches (y ustedes saben que el Todo Incluido NO hay que dejarlo pasar), y una que otra vez que me he comido cosas que no van de acuerdo con mi plan nutricional.
Y es que esa es la clave de todo. Esto NO es una D-I-E-TA, esto es un P-L-A-N N-U-T-R-I-C-I-O-N-A-L. Mucha gente cree que ir a la nutricionista es ir donde un médico a que le diga qué comer y que le haga una dieta. Esto no es ni remotamente parecido.
Con ellas, las doctoras del centro, lo que uno logra como persona es bajar de peso por medio de un plan nutricional. En otras palabras: aprender a comer. Aprender a comer como la gente decente y no hasta que no le quepa más al cuerpo, reducir la cantidad de grasa lo más que se pueda y aprender que los vegetales son saludables y ricos (esto es lo que me ¿costaba? creer... al igual que muchos... los vegetales... ¿ricos?)
Por otro lado me gustaría entrar un poco en la parte psicológico del asunto. Aunque ustedes no lo crean (y con esto voy a volver al principio de esta historia y contradecirme un poco), cuando uno, que tiene cierto problema de sobrepeso, empieza a bajar unas cuantas libritas se empieza a sentir mejor. El bajar de peso conlleva una mejora personal. Además, que con la ayuda del ejercicio, el cuerpo desarrolla una hormona (que la verdad no sé cómo se llama ni me interesa mucho, porque soy músico de corazón y no doctor) que da más energía, haciendo de cada uno, una persona más feliz.
AHORA me siento mejor que nunca. Me siento más cómodo que antes y me sentiría muy mal si volviera al peso que tenía hace ya 10 meses (por eso toco madera)
Con esta historia no espero que nadie diga: "Claro, es cierto... voy a ir" ó "Que basura, no creo absolutamente nada de esto". NO. Con esto nada más digo: TRATEN. Así como yo no creía y no me importaba estar como estaba: TRATEN y vean por ustedes mismos si funciona o no. No soy un mensajero ni soy nadie para hacerles cambiar con mi historia, nada más soy quien yo soy y sólo sé que perdí 97 libras en 11 meses. Algo que se me hace difícil de creer todavía.
Vladimir Herrera
